
Nº Colegiada: M-35203
Graduada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, así como Psicóloga General Sanitaria por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Especialista en Ansiedad ,especialista en terapia integradora y perspectiva de apego y EMDR.
Plantearte llevar a tu hijo al psicólogo no significa que algo vaya mal contigo como madre o padre, ni que tu hijo «tenga un problema». Cuando notamos que a un hijo le pasa algo, lo primero que aparece suele ser la duda y un poco de culpa: «¿Será cosa de la edad?», «¿No exagero si pido ayuda?». Pedir orientación significa, simplemente, que quieres acompañarle bien. Aquí te ayudamos a distinguir qué forma parte del desarrollo normal y cuándo merece la pena consultar.
No se trata de etiquetar, sino de acompañar
Llevar a un niño o adolescente al psicólogo no es ponerle una etiqueta. Muchas veces el trabajo es breve y se centra en darle herramientas para una etapa concreta, o en orientaros a vosotros como familia. Cuanto antes se atiende algo, más sencillo suele ser.

Cuándo llevar a tu hijo al psicólogo: señales que observar
No hay que alarmarse por un mal día. Lo que orienta es que algo se mantenga en el tiempo, sea intenso o le impida hacer su vida normal. Por ejemplo:
- Cambios de humor marcados: irritabilidad, tristeza o rabia que duran semanas.
- Aislamiento: deja de querer ver a sus amigos o deja de hacer lo que antes le gustaba.
- Problemas en el colegio: caída del rendimiento, rechazo a ir o quejas frecuentes.
- Cambios en sueño o alimentación: le cuesta dormir, tiene pesadillas, come mucho menos o mucho más.
- Miedos o preocupaciones que le bloquean más allá de lo esperable para su edad.
- Regresiones: vuelve a conductas más infantiles que ya había superado.
- Quejas físicas sin causa médica: dolores de tripa o cabeza recurrentes, sobre todo ligados a momentos concretos.
Situaciones que casi siempre merecen acompañamiento
Hay momentos vitales en los que conviene llevar a tu hijo al psicólogo de forma preventiva, aunque «aparentemente» esté bien: una separación de los padres, un duelo, una mudanza o cambio de colegio, una enfermedad en la familia, o sospechas de acoso escolar.
«¿No será simplemente que es un niño difícil?»
A veces sí es temperamento o una etapa. Pero el malestar de un niño no siempre se ve como tristeza: muchas veces se expresa como rabia, desobediencia o «portarse mal». Si la convivencia se ha vuelto muy difícil o tú estás desbordado/a, consultar también os ayuda a vosotros, no solo a él.
Cómo es la terapia con niños y adolescentes
No es un adulto en pequeño hablando en un diván. Con los más pequeños se trabaja a través del juego, el dibujo o el cuento, que es su forma natural de expresarse. Y casi siempre se implica a la familia, porque el cambio del niño se sostiene mejor cuando todos reman juntos. Así trabajamos en nuestra terapia infanto-juvenil.
Un apunte importante
Si tu hijo o adolescente expresa que no quiere vivir, que quiere hacerse daño, o detectas señales de que pueda estar en riesgo, no esperes: busca ayuda profesional cuanto antes. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida (24 h) o al 112 ante una emergencia.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad se puede consultar? Se trabaja con cualquier edad, adaptando la forma. Incluso con niños muy pequeños, a menudo a través de los padres.
¿Tengo que estar yo en la sesión? Depende de la edad y del caso. Con los más pequeños la familia se implica mucho; con adolescentes se respeta más su espacio propio.
¿Y si mi hijo no quiere ir? Es frecuente, sobre todo en la adolescencia. Forzar no ayuda; presentarlo como un espacio suyo, sí. Si dudas sobre si llevar a tu hijo al psicólogo es lo adecuado, consultar tu caso concreto te dará claridad.
Artículo escrito por Cristina Garrido Baquero, psicóloga, colegiada nº M-35203. En Esencia Psicología acompañamos a niños, adolescentes y familias en Madrid. Si tienes dudas sobre tu hijo/a, escríbenos y te orientamos sin compromiso.
